El primer centro de rehabilitación de Coahuila con posibilidad de internarse, quedó sólo en muros cimentados sobre el desierto, le faltan techos, ventanas y la presencia de cientos de jóvenes que requerían urgentemente una salida para escapar de esta metanfetamina. 

A más de tres años de la primera piedra, para Obras Públicas la obra está cerrada, el contrato está archivado y la constructora está negada a dar una explicación.

Por Francisco Rodríguez y Jesús Peña

Atrás de las instalaciones de la cárcel de San Pedro de las Colonias, Coahuila, por un camino de terracería, se halla escondida una obra inconclusa que refleja la omisión y desinterés de las autoridades estatales por combatir el problema de las drogas: el Centro de Integración Juvenil y Atención a las Adicciones. 

La construcción quedó olvidada desde que terminó la administración del exgobernador Rubén Moreira, en 2017. Y no hay planes para rescatarla. Las autoridades, de hecho, poco saben de la obra.

A la par, las estadísticas oficiales reflejan que los centros dedicados a atender las adicciones en la entidad, los juzgados penales y las cárceles municipales, se han saturado de adictos a una droga: el cristal. 

Hace por lo menos cinco años, especialistas y encargados de centros de rehabilitación de adicciones en Coahuila, alertaron sobre el incremento en el consumo de esta metanfetamina. Con todo y eso el proyecto del Centro de Integración Juvenil y Atención a las Adicciones quedó en obra negra.

En Torreón, en 2015, apenas el 1.5 por ciento de los pacientes que llegaban por primera vez al Centros de Integración Juvenil (CIJ), referían el consumo de cristal. Para 2020, la cifra fue del 55 por ciento. En el CIJ de Saltillo la situación no es del todo diferente: en 2015 las atenciones eran apenas del 6.2; para 2020 se dispararon a 48.6 por ciento.

En los centros de rehabilitación privados, como Luz de Vida en Torreón o el “Puerto del Navegante” de Saltillo, las cifras no difieren: 8 o 9 de cada 10 pacientes están allí por una adicción al cristal.

Esos adictos, quienes podrían haber acudido a este primer centro de rehabilitación del Estado, tienen que buscar uno de los 21 establecimientos civiles considerados especializados en adicciones o uno de los tres lugares reconocidos por la Comisión Nacional Contra las Adicciones (Conadic) en Coahuila (los tres en Torreón).

Gerardo Berlanga, ex Secretario de Infraestructura, asegura que administrativamente la obra está cerrada y no hay empresa que se haya quedado con un recurso que no se ejecutó.

Menciona que ninguna secretaría, como Salud, ha solicitado que se busquen recursos para terminar la obra y desconoce por qué.

SEMANARIO intentó conocer la postura de la secretaría de Salud (SS) pero no hubo respuesta. Únicamente la Jefa de la Jurisdicción Sanitaria 7 que abarca a Francisco I. Madero y San Pedro, Rocío Quiroz, refiere que desconoce si hay intención de rescatar la obra pero admite que es necesario.

Al principio la obra del Centro de Integración Juvenil y Atención a las Adicciones fue pensada para atender los altos consumos de heroína en la ciudad, pues se estimaba que en 2015 se comercializaban diariamente entre mil 200 y mil 400 dosis de tal sustancia, según declaró en su momento el exalcalde Juan González. Pero ahora, como en todo el estado, el cristal desplazó al resto de las drogas.

La prueba es que en los primeros tres meses de 2021, la policía local decomisó mil 629 dosis de cristal y 236 dosis de heroína. 

Según especialistas y adictos entrevistados para esta investigación, el cristal se mueve en cualquier lugar y está al alcance de todos… incluso, de niños.

El fiscal general, Gerardo Márquez, asegura que una bolsita o dosis de esta sustancia alcanza en las calles de Coahuila un precio de entre 200 y 350 pesos. 

Sin embargo, testimonios de adictos coinciden en que esta droga se puede comprar hasta en 30 pesos. 

–En San Pedro la consiguen hasta en 50 pesos–, comenta José Ponce Sánchez, director de la Policía de este municipio, donde siete de cada 10 detenciones donde se involucran drogas, son por asuntos de posesión o consumo de cristal.

María del Consuelo Mares Quintero, médica experta en adicciones del CIJ Saltillo, advierte que tal vez lo que se estén metiendo los adictos no es ni cristal

Al respecto, análisis químicos realizados por el Centro de Operaciones Estratégicas (COE), han dado como resultado que la base con la que se cocina el cristal que se mueve en Coahuila es raticida.  

–Está hecha con basura, con materiales industriales no aptos para consumo humano y eso es lo que siempre les decimos a los jóvenes–, explica Gabriela Guadalupe Franyutti García, coordinadora de la Unidad de Prevención del Delito, de la Policía Municipal de Saltillo.

Contra todo

En el estado hay ocho Centros de Atención Primaria en Adicciones (UNEME CAPA) que de 2017 a la fecha, han atendido a 4 mil 702 pacientes adictos que se iniciaban en el consumo; 386 corresponden al cristal.

Estos centros atienden principalmente a los pacientes de forma preventiva. Sin embargo, el presupuesto no ayuda. De 2017 a 2021, recibieron fondos por 21 millones 123 mil 708 pesos. Apenas el 0.5 por ciento del presupuesto anual de la Secretaría de Salud.

La obra del Centro de Integración Juvenil y Atención a las Adicciones que quedó a medias en San Pedro incluía en su proyecto inicial:, 28 dormitorios; dos aulas; una capilla; áreas de trabajo; y consultorios. Se presupuestó en 24.6 millones de pesos, apenas 3.6 millones menos que lo destinado a los centros de prevención de adicciones del Estado en cinco años. 

Rocío Quiroz, la Jefa de la Jurisdicción Sanitaria 7, explica que cuando los adictos, principalmente de cristal, tienen un proceso agudo de intoxicación y tienen daño cerebral, los envían al centro psiquiátrico porque no tienen capacidad de atención. 

Es decir, en Coahuila un adicto de San Pedro que busca rehabilitarse tiene que viajar hasta Francisco I. Madero, Torreón o al psiquiátrico de Parras.

En el mismo tenor, Sandra Cecilia Venegas López, psicóloga y directora de la institución Luz de Vida en Torreón, comenta que los enfermos que llevan siete meses de contacto con esta droga, ya ingresan con un trastorno patológico.

Por eso una clínica especializada es indispensable. Y esa era la intención cuando en 2016 se lanzó la licitación pública nacional “CE-905002984-E168-2016” para la construcción del centro para las adicciones en San Pedro.

En septiembre se dio el fallo a la empresaCorporativo de Desarrollo y Construcción S.A de C.V”, a pesar de que era la propuesta más cara de las tres que se presentaron. La razón, adujeron los calificadores, fue que las otras no cumplieron los requisitos técnicos.

El contrato “CE-E168-2016” en posesión de SEMANARIO se firmó por 24 millones 697 mil 716.98 pesos y en él se estipulaba un plazo de 180 días (del 30 de septiembre de 2016 al 28 de marzo de 2017) para concluir la obra.

Según una relación de proyectos de obra para Coahuila del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativa (FAFEF), a la construcción del Centro de Integración Juvenil y Atención a las Adicciones en San Pedro, con folio COA16160200640962, se le asignaron 9 millones 565 mil 836.5 pesos y tenía entonces un 35% de avance.

Hoy es una obra negra, sin ventanas, ni puertas, ni piso, ni pintura, ni muebles, ni nada. 

El cristal, mientras tanto, se expandió por las calles de Coahuila. 

En el limbo

La mayoría de los centros hospitalarios para adicciones son privados en el país. Centros de Integración Juvenil, por ejemplo, hay solo 12. El más cercano a Coahuila es el de García, Nuevo León, que atiende a pacientes del noreste. 

Si la obra hubiera concluido, el centro en San Pedro sería uno de los pocos lugares de internamiento dependientes del Estado. Pero quedó en el limbo.

Como en el limbo quedan los adictos al cristal, según describen especialistas. Sandra Venegas López del centro Luz de Vida, dice que la mayoría del tiempo andan por la vida como si no tuvieran conciencia.

Carlos Vargas Domínguez, experto en el tema de adicciones, coincide en que si el consumo de cristal es crónico, el cerebro es el órgano más afectado.

Cuando se habla de un uso crónico, enfatiza Norma Alicia Pérez, directora del CIJ Saltillo, se presentan daños en el sistema nervioso central y el pronóstico es reservado. 

–Por eso es tan importante la prevención–, añade.

María del Socorro Torres, presidenta de la “Asociación Puerto del Navegante”, cuenta que hace tiempo el Centro Estatal de Salud Mental (Cesame) de Saltillo remitió a su anexo, situado al poniente de Saltillo, a cinco jóvenes adictos al cristal diagnosticados ya con discapacidad mental severa.

El panorama se torna más desalentador. Según las estadísticas de los CIJ, el 60 por ciento de los adeptos a este veneno, son niños entre 14 y 16 años. Números que coinciden con los infantes que caen en la celda especial para menores de edad de Saltillo: 80 por ciento usan alguna droga, principalmente cristal, según la Unidad de Prevención del Delito de la Policía Municipal.

De tales casos destaca la historia de Guillermo Daniel “N”, un chico de 17 años que desde los 13 ha acumulado un récord de 32 ingresos a las celdas municipales. Primero por grafitear en la calle, después por meterse a robar en casa habitación y en años recientes por consumo del cristal.  

Pero ya se sabe de niños adictos de 12 años que comenzaron a drogarse a los 8 o a los 10.

–Nuestros niños y adolescentes están en desarrollo y entonces utilizan una sustancia nociva a temprana edad causa daños, deteriora el desarrollo del sistema nervioso central que termina su desarrollo, por completo, alrededor de los 21 o 25 años–, explica la directora del CIJ en Saltillo, Norma Pérez Reyes.

La especialista amplía que en la parte prefrontal del cerebro están todas las funciones superiores como tener juicio y tener un pensamiento analítico. Cuando ya se desarrolla una dependencia física entonces la parte de toma de decisiones y de voluntad ya no funciona, advierte Pérez Reyes.

Y en los momentos de lucidez, menciona Sandra Venegas López, los adictos al cristal experimentan cuadros agudos de depresión y suicidio: 9 de cada 10 pacientes de su centro, intentaron quitarse la vida.

Caldo de cultivo para el delito 

Sandra Cecilia Venegas de Luz de Vida, dice que el cristal es una droga que no tiene llenadera: mientras más la consumes más quieres. María del Consuelo Mares Quintero, médica especializada en adicciones del CIJ Saltillo, advierte que hay muchas personas que se vuelven adictos desde el primer contacto.

Además de afectaciones al sistema nervioso central, el cristal provoca efectos en los pacientes tales como: pérdida de peso, del sueño, cambios en el comportamiento y agresividad. 

–Pueden durar días sin dormir–, dice Rafael Mora director del CIJ Torreón.

Norma Alicia Pérez Reyes, la directora del CIJ de Saltillo, platica que han visto adictos al cristal que en un mes bajan hasta 15 kilos. Añade que también se les mancha la piel o se les caen los dientes.

Su homólogo en Torreón menciona que es la familia quien trae al adicto.

–Ya no saben qué hacer con el hijo. ‘Ya nos golpeó, nos quiere golpear, ya se peleó con el hermano y casi lo mata a golpes’. Es una violencia extrema–, expone.

Es en esa falta de conciencia de la que hablan los especialistas, donde desarrollan trastornos de psicosis, paranoia, delirios de persecución y se refleja en fenómenos como la violencia o los robos.

En Saltillo, 7 de cada 10 detenciones que realiza la Policía Municipal corresponde a adictos al cristal. Gerardo Márquez, fiscal general de Coahuila, asegura que el 75 por ciento de las detenciones a cargo de autoridades policiacas municipales, estatales e inclusive la Guardia Nacional, son por venta y consumo de cristal.

–Se roban la bicicleta, el tanque, para sacar con qué consumir–, explica José Ponce Sánchez, director de la Policía de San Pedro.

SEMANARIO conoció de cerca el caso de una madre de la colonia Omega, situada al poniente de Saltillo, cuyo hijo de 27 años, y adicto al cristal, ha llegado a amenazarla de muerte.

–Mi hijo me dice que me odia y que me va matar–, contó la mujer.

Esos robos relacionados con la adicción al cristal, los viven también los vecinos de Las Margaritas y la Pancho Villa, al poniente de Saltillo, a quienes les roban los focos del exterior de sus domicilios para fabricar pipas hechizas.

–Me asomaba y miraba, ‘ya no está mi foco’. Ponía mi foco otra vez y al otro día me pasaba lo mismo. Dije ‘sabes qué, ya no les voy a poner foquitos de estos’. Puse ahorradores, ya ve que están enroscaditos, pos solamente así ya me duran’– narra un ama de casa de este sector.

Gabriela Franyutti, coordinadora de la Unidad Municipal de Prevención del Delito, en Saltillo, platica que muchos adictos ya no viven en su casa y andan perdidos. 

–Son jóvenes que ya hasta nos cuesta trabajo jalarlos porque ya pierden interés en la escuela y el deporte–, dice.

Como dice Ángel Torres Márquez, el encargado de la agrupación “Puerto del Navegante”, un centro de rehabilitación que actualmente atiende a unos 70 pacientes entre niños, jóvenes y adultos, la mayoría adictos al cristal:

–Lo pierdes todo como dice el programa (de Alcohólicos Anónimos). Los únicos lugares que te esperan son la cárcel, el hospital, la muerte, la locura, el abandono…

La historia de esta obra inconclusa que nadie quiere revivir, arroja otro dato revelador: fue construida por una empresa ligada a la expresidenta del Poder Judicial del Estado, Miriam Cárdenas Cantú.

Expresidenta del PJEC vinculada a empresa

La investigación realizada por SEMANARIO constata los nexos de la exmagistrada Miriam Cárdenas con la empresa saltillense “Corporativo de Desarrollo y Construcción, S.A de C.V”, responsable de la construcción de la clínica abandonada.

Según el acta constitutiva de la firma, la empresa fue creada en 2004. Miriam Cárdenas Cantú aparece como accionaria en esa fecha. La empresa nació para ofrecer servicios de contratación, capacitación, adiestramiento de personal, entre otras funciones. Pero a solicitud de Cárdenas Cantú, cambió su objeto social por el de la construcción. 

En la sociedad, además de Cárdenas Cantú, figuraban como accionistas Jorge Domingo Mejía de la Garza, cuñado de la exmagistrada y una persona de nombre Édgar José Rodríguez Villarreal. Mientras que Jaime Alfredo Mejía de la Garza, esposo de Cárdenas Cantú, destaca como el apoderado o representante legal desde 2006.

En 2007, Miriam Cárdenas vendió sus acciones a su cuñado, quien actualmente aparece como el dueño mayoritario de la compañía, en tanto que el marido de la exmagistrada funge como el representante legal. 

Esto evidencia que quien era la máxima autoridad del Poder Judicial, mintió en su declaración de interés, ya que en la declaración hecha a finales de 2016, Cárdenas Cantú negó que ella o su cónyuge tuvieran algún cargo o poder en alguna sociedad.

Esta mentira se considera una falta grave de acuerdo al artículo 60 de la Ley General de Responsabilidades Administrativas: 

“Incurrirá en enriquecimiento oculto u ocultamiento de Conflicto de Interés el servidor público que falte a la veracidad en la presentación de las declaraciones de situación patrimonial o de intereses…”.

Esta empresa ligada a la expresidenta del máximo ente de justicia del Estado, recibió en el sexenio de Rubén Moreira, al menos 10 contratos que suman 141 millones de pesos.

Miguel Ángel Ordaz, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), considera que si la participación de la empresa con el gobierno se da en el momento en que funcionarios o funcionarias relacionadas con la misma, ocupan cargos de decisión, puede perfilarse como un conflicto de interés o un manejo de información privilegiada para beneficio de particulares.

Si la señora (Cárdenas Cantú) siguió teniendo relación con la empresa, lo menos que debió haber hecho fue hacer público su deslinde en el mantenimiento de la relación entre empresa y gobierno–, opina el experto en políticas públicas.

SEMANARIO intentó localizar a los representantes de la empresa pero no hubo respuesta.

Ocultan información

Este medio solicitó vía transparencia (folios 00209821 y 00549720) una copia de los pagos hechos a la empresa a la Secretaría de Finanzas y a la Secretaría de Infraestructura Desarrollo Urbano y Movilidad Urbana respectivamente. Ambas dependencias responsabilizan una a la otra de tener esa información. 

Para Miguel Ángel Ordaz, la negativa de la información no es otra cosa que ocultamiento de los datos. 

En otra petición (folio 00689820) hecha a la Secretaría de Infraestructura se le solicita informe sobre el estatus de la obra y la respuesta fue: “no hay información”.

–No tenemos contrato de obra pública abierto en el cual tengamos que fincar responsabilidad a la empresa, o que regrese alguna parte del anticipo no devengado. Desconozco si se pagó porque ya nos llegó cerrado el expediente”, justifica el ex secretario de Infraestructura, Gerardo Berlanga.

Explica que es posible que un contrato de obra cerrado, haya llegado a este término porque se agotaron los recursos y se terminó el contrato. 

–A lo mejor la obra requirió un alcance mayor, más recursos, y ya no lo hicieron –comenta–. No tenemos razón para hablarle a la constructora por algún recurso que no se ha devengado, insiste.

Para el académico Ordaz, la situación no puede resumirse en algo tan simple toda vez que deben exigirse cuentas a la autoridad que suspendió la obra. 

–Por qué se suspende, quién estaba en funciones, quién era el responsable. Quién cerró el expediente, por qué lo cerró, fue una falta de recurso, falta de interés. Se necesita un argumento, cuestiona el especialista.

También cuestiona la función de la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas, a la cual señala, no fiscaliza nada.

Pobre visión

Los 9.5 millones de pesos que fueron tirados a la basura para levantar una obra negra, son apenas 2.4 millones de pesos menos que lo que el gobierno del Estado invirtió de 2017 a 2020 en campañas de prevención de adicciones.

Según la respuesta de la secretaría de Salud a una petición de información, han destinado 11 millones 971 mil 123.5 pesos a este rubro en cuatro años. 

La cantidad destinada a campañas de prevención es también apenas una migaja del dinero en aseguramientos de cristal. 

Según el fiscal, Gerardo Márquez, en lo que va de la presente administración han logrado asegurar alrededor de cinco mil millones de pesos en dosis de cristal y otras drogas (valor calculado en el mercado negro). 

–Son toneladas, no tengo la precisión–, agrega Gerardo Márquez.

Pero los aseguramientos y detenciones, coinciden especialistas, no abonan al tema de la prevención. Rafael Mora, director del CIJ en Torreón, opina que existe una visión muy pobre de este tema. 

María del Socorro Torres, presidenta de la “Asociación Puerto del Navegante”, cuenta que han pedido apoyo al gobierno del Estado, al municipio. Pero no han tenido respuesta. 

Jesús Adrián Bustos Flores, el padrino de “Serenidad”, centro que alberga a 55 pacientes, 40 de los cuales son adictos a esta metanfetamina, cree que un pequeño apoyo del gobierno no estaría demás.

Apunta que sólo este anexo recibe a diario entre 15 y 20 llamadas de gente que habla para pedir información sobre los servicios que ofrece esta casa de rescate a los consumidores de cristal.

Ahorita es puro cristal–, recalca.

Bustos Flores piensa que una de las maneras de empezar a ayudar a la sociedad a combatir el consumo de cristal, es que el gobierno abra espacios de rehabilitación, donde no haya maltratos, que sean supervisados por las autoridades correspondientes y cuenten con todos los permisos que establece la ley y la norma en la materia.

Lo cierto es que centros como Luz de Vida o alguna de las tres clínicas o 21 centros de rehabilitación autorizadas en Coahuila, suplen la falta de atención por parte del Estado.

Por ejemplo, el tratamiento para la adicción al cristal en Luz Vida dura en promedio de 14 a 16 meses y a veces se alarga hasta dos años. 

El experto en el tema de drogadicción, Carlos Vargas, piensa que aún faltan muchas casas de rehabilitación con enfoque profesional, en los que exista un médico, un tratamiento farmacológico, apoyo psicológico y terapia familiar para los adictos al cristal, ya que algunos de ellos vivirán con daño permanente.

–Centros donde la contención sea de, por lo menos, entre seis y 12 meses, no de 45 días, un mes… porque a la gran mayoría no les funciona. Salen pensando que ya están curados y la curación, lamentablemente, nunca va existir–, asevera.

Ese lugar en Coahuila pudo ser el Centro de Integración Juvenil y Atención a las Adicciones.

¿Omisión del Estado?

Estos funcionarios eran parte de la administración estatal de Rubén Moreira cuando se inició la obra en 2016. 

Jorge Verástegui Saucedo
Exsecretario de Salud 

María Esther Monsivais Guajardo
Exsecretaria de Infraestructura y Transporte

Ismael Remos Flores
Exsecretario de Finanzas

Carlos Eduardo Cabello Gutiérrez
Exsecretario de Fiscalización y Rendición de Cuentas

Las víctimas del cristal

Los niños y jóvenes son las principales presas de la adicción al cristal.

Los Centros de Integración Juvenil en Saltillo y Torreón revelan que el 60 por ciento de las personas que acuden a esta institución en busca de ayuda tienen entre 14 y 16 años.

Especialistas dicen que se afecta el sistema nervioso central que aún está incompleto, lo que ocasiona daños irreversibles al cerebro porque el material del que están hechas estas metanfetaminas es basura.

Aquí el testimonio de algunos adictos al cristal y madres de familia cuya vida cambió para siempre desde que conocieron el cristal.

Drogarse por influencia de los amigos

Iván tenía 14 años cuando empezó a juntarse en una esquina con los chavos del barrio, la colonia Guayulera. Su infancia no fue tormentosa: tenía un hogar y unos padres que le daban amor y todo lo que necesitaba y quería. Pero él quería sentirse grande.

–Vi que lo hacían los amigos y dije ‘pos yo también’.

Probó el cristal, el foco. Le ganaron la curiosidad, los malos consejos. Cuando la probaba,  le daba parriba’, lo alteraba, lo hacía sentirse poderoso e hiperactivo.

Una sola fumada bastó para que Iván quedara cautivado de aquella droga. 

De un crío de casa al que le encantaba la secundaria y el futbol, Iván se convirtió en un chico de la calle, en un niño rebelde. Dejó de bañarse. Dejó de comer. Y al terminarse el fume robaba para conseguirlo.  

A su abuela le robó un anillo de oro para venderlo y tener con qué drogarse, cuenta arrepentido.

–Le robé a mi misma familia. Así es el adicto, nomás con los que puede. Sabía que si le robaba a un vecino, a otra persona, me iban a denunciar.

Al borde de la desesperación, sus padres lo llevaron donde un anexo para enfermos de alcoholismo y drogadicción. Iván aceptó.

Ahí extrañó su vida de niño bueno, en su hogar, con sus padres, la tarea, la pelota.

Tres meses más tarde, y después de luchar con  los demonios de la ansiedad, de la abstinencia, salió “rehabilitado”.

–Dije ‘yo puedo controlarla’, típico del adicto, ‘yo controlo la droga, la droga no me controla a mí’.

Pero a seis meses de mantenerse sobrio, de recuperar la vida que tenía, Iván recayó y  volvió a las calles.

En medio de los delirios que le provocaba el cristal, ya cuando andaba sobrepasado, se sentía perseguido por la policía, por los hombres del anexo. Pero todo estaba en su mente.

Por segunda vez, sus padres lo llevaron al anexo, el lugar donde tiene ya algunos meses internado, esta vez contra su voluntad.

Iván dice que acá volvió a nacer y tiene ganas de cambiar, repite, y levanta la vista como mirando al mañana.

–Ahora me doy cuenta y digo ‘me lo hubiera evitado’, pero doy gracias a Dios que ya me siento bien.

Me drogaba con mi papá

Édgar baja la cabeza y desvía la mirada al recordar que llegó a drogarse con su padre. 

–Me decía ‘¿no traes mugrero?’. Y para que no me regañara o me dijera una grosería le respondía: ‘sí, ahistá’.

La primera vez que probó el foco, no se le olvida, fue el 17 julio de 2019. Hasta entonces nomás se había metido mariguana.

Su inmersión en las drogas ocurrió cuando robó dinero de sus padres comerciantes y se fugó de su casa. Entonces un supuesto amigo con el que Édgar solía juntarse, le presentó a otra supuesta amiga, que se llamaba cristal y Edgar se ganchó.

Tanto se ganchó que dejó en la quiebra el pequeño negocio de sus papás mientras robaba a cuanta persona se le ponía enfrente. 

Incluso, con el corazón acelerado, se robaba los focos de las viviendas por donde pasaba para gozarse con los vapores del cristal.

–Llegaba a mi casa y me ponía agresivo, insultaba a mi madre con malas palabras.

Lo corrieron de la preparatoria porque lo pillaron fumando cristal. Fue también el tiempo en el que Édgar comenzó a drogarse con su padre. 

Cambió la comodidad de su casa por las noches en la calle, a la intemperie, en parques, en unas tapias, como un indigente, por culpa de la droga.

Adelgazó como 15 kilos en un mes, hasta quedar como un esqueleto andante. Sus padres, hartos de la situación, decidieron internar a Édgar en un anexo. A la vuelta de un año, y después de tocar fondo en el amargo trance de la abstinencia, Édgar logró controlar su adicción.

Consiguió un trabajo y regresó a casa.

Allí se encontró con que su padre había caído en ese hoyo oscuro y sin fin que es esta metanfetamina.

Ya no era el mismo hombre cariñoso. Se transformó en alguien irascible, agresivo que golpeaba e insultaba a su esposa y sus demás hijos.

Viendo el rostro de sufrimiento de su madre y de sus hermanos, Édgar decidió internar a su padre en el mismo centro para adictos donde él había estado meses antes.

Ahora es un servidor voluntario en el centro de adicciones, tiene un trabajo y dice que quiere regresar a la escuela.

Solo aguada el día de poder abrazar a su padre rehabilitado.  

Édgar tiene apenas 17 años.

Una droga incontrolable

Mayra tenía 12 años cuando empezó a fumar mariguana. Estaba en la secundaria. 

–Cuando mi mamá me descubrió sí habló conmigo, pero nunca le importó. Yo lo hacía a escondidas.

Su desgracia ocurrió en 2017, cuando tenía 16 años y por primera vez probó el cristal.

El foco había entrado como un ladrón por la puerta de su casa, el día que su hermana y su esposo se mudaron a vivir con la familia.

–Mi cuñado me presentó el cristal y lo empecé a consumir porque me activaba, me daba para arriba. Y ya no pude parar –confiesa. –Empecé que un ‘fume’ o dos, ya después se me hizo una adicción, un vicio. Lo empecé a vender, a comprar, fumaba todos los días, ya no pude parar.

Andando los meses, Mayra dejó la escuela, el trabajo y se tiró a las calles.

Se salió de casa para que no la sermonearan y terminó viviendo en un arroyo. Dormía en carros abandonados, en la calle, en unas tapias con otros “dizque amigos”.

–Me sentía como que no tenía problemas, como todo muy relajado, muy tranquilo. Uno de drogadicto se justifica con eso.

Muchas veces su madre, desesperada ya, salió a las calles en busca de la oveja perdida. Pero medio año pasó Mayra en las calles, sin comer, sin bañarse, como un muerto ambulante.

–Uno ya no piensa en nada, más que en seguir drogándose, ya no le das importancia ni a tu aspecto físico.

Su hermano la llevó a un centro de rehabilitación del que, al cabo de algunos meses, Mayra creyó salir curada. A las pocas semanas volvió a aquel punto donde vendían droga y otra vez su adicción la atrapó.

–Mi mamá fue a buscarme y me trajo para acá.

Mayra lleva ya tres recaídas en este anexo y dice que tiene miedo de salir y reencontrarse con la droga. Es más tiene hasta miedo de conseguirse un trabajo, de salir a la calle y que en alguna esquina alguien le ofrezca y ella no pueda negarse.

–Es que una recaída es más difícil de superar. Tengo miedo, yo ya no me quiero volver a drogar.

Te voy matar, mamá

El hijo de Doris es drogadicto desde los 13 años, pero hace dos, a los 25, comenzó a fumar cristal. Y ya son varias veces que le dice que la odia y que la va a matar. 

Cada vez que su muchacho anda con sus alucinaciones, Doris se pone a temblar y llama a sus vecinos para pedir auxilio, a la policía, que siempre llega tarde cuando las cosas ya se enfriaron.

El martirio comienza cada vez que ella escucha a su hijo hablando solo, riñendo con sus rivales imaginarios en medio de la oscuridad de su cuarto donde pasa la mayor parte del tiempo.

A Doris le dan ganas de internar a su hijo en un centro de rehabilitación, pero él no quiere, no se deja.

–Madre, yo me voy a seguir drogando, porque todavía no lleno–, le dice.

Un día, al borde de la desesperación, Doris llamó a un anexo de alcohólicos y drogadictos para que se llevaran a su hijo. Pero los hombres de la casa de rescate no pudieron con él.

Su fuerza era tan impresionante que, con todo y que el hijo de Doris es delgado, que su cuerpo parece ya el de un niño, terminó ahuyentando a aquellos hombres con un machete que sacó de debajo de su cama.

Doris, quien ignoraba la existencia de aquella arma, se quedó pasmada del miedo.

Sabe que en su colonia hay muchos niños y jóvenes adictos al cristal como su hijo y muchos lugares donde venden mugrero.

Va la policía a la colonia, revienta un punto y no pasa nada. Son como con las cucarachas, dice Doris, que matas una y salen mil.

Clama al gobierno que ponga una solución, que abra centros de rehabilitación para su hijo y tantos jóvenes perdidos en el cristal.

Solo espera en Dios que su muchacho no cumpla su promesa: 

–Madre te odio y te voy a matar.

Ya me tienes harta, hijo

María dejó a su hijo de 41 años, consumidor de cristal, en su casa y hablando con una calceta.

Para ella esta escena ya no es extraña, se ha acostumbrado a los desplantes que la droga provoca en su hijo.

–Pone la calceta arriba de la cama y ahí está hable y hable. Él habla con las puertas, con las paredes. Y me dice ‘mire madre, me están diciendo que no almuerce, que así me vaya a trabajar’. No quiere ni bañarse, qué porque lo están viendo.

María se ha desvelado noches enteras vigilando que su hijo no le vaya a quemar la casa.

–No deja dormir, se viene a la cocina, prende un foco. Se va a su cuarto y prende el foco.

Hace tres meses a doña María la reportaron en su trabajo porque, de tanta desvelada, se quedó dormida en el baño.

–Le digo ‘ya me tienes harta, hijo, te voy a encerrar allá con los locos’. Y él siempre me dice que no lo quiero y que quiero más a mi otro hijo.

No sabe cuándo ni por qué fue que él comenzó con su adicción al cristal. Él le confesó, alguna vez, que fue a los 16 años, después de casarse, cuando probó la mariguana.

–No le echaba al cristal, le echaba a la pura mota y trabajaba, y se bañaba y se arreglaba. Pero ahora tres veces quemó su ropa. Ahorita mi ropero lo tengo amarrado con cadena y candado, porque va y saca mi ropa, se pone mis pantalones y los quema, sus zapatos los ha quemado, mis tenis los ha quemado.

Y cuando su hijo abre los ojos grandes y empuña la mano enfrente de María, ella siente que se desvanece.

–Como que le dan ganas de darme un trancazo porque me pela chicos ojotes, luego luego empuña las manos y le digo ‘con esos ojos, hijo, me quieres hasta comer’.

Su hijo ya le robó ropa y cuanta cosa a toda la familia para comprar mariguana y cristal.

Como otras madres desesperadas, María hace de tripas-corazón y llama a las patrullas para que se lleven a su hijo. Pero no se lo llevan. Nomás le preguntan por teléfono que si es adicto a  algo. Y al escuchar que sí, que al cristal, la dejan en espera, una espera que para ella no tiene fin.

Una historia de esperanza

Arrodillada en el piso, frente a su bebé de dos años, Mary Cruz alucina los pequeños pero mortíferos cristales blancos y transparentes que dan nombre a esta droga. Por más que los busca, por más que se da contra el suelo, sus manos se quedan vacías. Todo está en su imaginación.

Ese es el recuerdo que ella guarda el último día en que probó el cristal.

–Ya no quiero esto–, se dijo para sí en un momento de lucidez.

Llevaba tres meses metiéndose metanfetaminas, llevaba tres meses en ese agujero al que su expareja la había arrojado. Todo por invitación de su expareja quien le aconsejó consumir cristal para bajar de peso. 

–Me decía que estaba gorda. Me manipulaba. Y yo sentía que estaba muy fea–, recuerda la mujer.

Mary se metía cristal una vez a la semana. Se dijo lo que muchos adictos aseguran, que ella podría controlarla. Pero de repente ya fumaba todos los días. La dosis le hizo perder el sueño y el hambre. 

Una mañana que se levantó,la chica vio en el espejo la imagen de una mujer demacrada, con la mirada perdida. Era ella, pero no se reconoció.

La dosis ya no le hacía sentir lo mismo. Y cuando sentía el bajón, se irritaba. Pero ella no era la única en padecer los efectos,, no. Lo mismo le ocurría al hombre con quien compartía su vida.

Lo que empezó con insultos y gritos se convirtió en empujones, estrujones y golpes. ¿Qué los provocaba? Cualquier cosa. ¿Qué los provocaba? Todo y nada. ¿Qué los provocaba? El cristal.

Quizá hasta este punto no lo parezca, pero sí hay esperanza, sí hay historia de éxito, en medio de toda esta atmósfera desconsoladora de omisión y desinterés del gobierno de Coahuila por combatir el consumo de cristal, esa es la historia de Mary Cruz. Una universitaria de 24 años que, contra todo pronóstico, logró salir adelante.

En febrero de 2021, luego de aquel episodio de alucine en el piso frente a su nene, tocó la puerta del Centro de Integración Juvenil en Torreón después de intentar suicidarse dos veces.

–Por eso también dije ‘hasta aquí’–, confiesa.

Ahora, después de un tratamiento a base de fármacos no controlados y psicoterapia, Mary Cruz ha logrado recuperar la fe en sí misma y el deseo de realizar sus sueños.

Dice que está dispuesta a todo por enderezar su vida y alcanzar sus sueños.

Lo primero será pelear la patria potestad de su hijo, después retomar sus estudios de Gestión Empresarial, titularse, conseguir un buen trabajo y emprender un negocio.

A su expareja no la ve desde hace dos meses. Dice que no lo necesita y al cristal tampoco. Todavía tiene esperanza.